lunes, enero 14, 2013

En Sevilla, Valle del Cauca, las fallas geológicas se tragan las vías y las viviendas


La falla geológica siempre ha estado allí. Los habitantes de Sevilla saben que bajo sus pies la tierra se mueve. A veces, pero no muy seguido, dicen algunos, sus fincas se estremecen, las planicies se hunden y las montañas se desprenden de a poco.

Son los efectos de la que se conoce como falla Romeral, aunque los mapas de geología la nombran como Cauca-Almaguer. Está a cientos de kilómetros bajo tierra y sobre ella hay tierra débil que, dicen los que saben, se suelta por efectos de sus movimientos, de la lluvia, la erosión y hasta la mano del hombre.
 
Los 130.000 metros cúbicos de roca, material arcilloso y pedazos de árboles que cayeron el pasado 24 de diciembre de una montaña en el sector de La Cristalina, destruyendo un tramo de la vía principal de acceso a Sevilla, son ‘tierra mala’, como la llaman algunos expertos.

 
Lo cierto es que José Omar Hernández, un campesino de 77 años, no necesita una explicación científica para entender lo que sucede debajo de la tierra del pueblo. Lo que sabe es que el derrumbe “parece un castigo de la naturaleza”.
Es un “castigo” que hoy sufren más de 7.000 campesinos de 24 veredas del municipio, que permanecen incomunicados por esta causa.
 
Desde que ocurrió el derrumbe, Ferney Gutiérrez debe echarse al hombro el café que produce en su finca. Hasta cinco arrobas carga la delgada humanidad del campesino de 25 años para pasar haciendo equilibrio sobre la masa de tierra aún en movimiento.

 
Así, y evadiendo las advertencias de organismos de socorro, Policía y Ejército presentes en la zona, pasan de un lado a otro labriegos con tomates, habichuelas, plátanos, costales de maíz y otros productos que mueven la economía local. Se arriesga la vida para evitar que se pudra el sustento.

 
“¡Estamos llevados del verraco! Al transporte de jeep le subieron de $3.000 a $5.000 y de $7.000 a $12.000 desde las veredas que están más lejos. En el pueblo todo se encarece y para los campesinos se empobrece. Si se vende el kilo de habichuelas a $7.000, a mí me lo pagan a $3.000”, explica Ferney.

 
Preocupan también los caminos de herradura que funcionan como vías alternas y por los que la gente se demora hasta una hora para llegar al pueblo. Antes eran diez minutos. Lo que se vive, según el alcalde, Rafael Quintero, es una gran crisis social.
 
“Nosotros mismos vamos a meterle pala y pica al terreno para que pasemos a pie, en moto, taxi y jeeps. No podemos esperar más”, anunció Ferney Gutiérrez, quien también es líder de la vereda La Cristalina.
 
Dice que la gente no tiene miedo. “No podemos hacer nada con la madre naturaleza, pero si se sabía que la falla estaba ahí, debieron hacer algo. Yo poco estudié, pero ya se vino lo que se tenía que venir”, advirtió el campesino.
 
Eugenia Restrepo solo espera no ser testigo de una tragedia cuando eso pase. Ya tuvo suficiente con ver cómo el derrumbe que acabó con la vía cayó justo frente a su casa.

 
Dice que la tierra ya venía advirtiendo el desastre. Que perdió muchas horas de sueño escuchando cómo se desprendía pedazos de ella, incluso de su antejardín. Hoy su casa está más cerca del barranco. Eugenia quiere irse, pero el problema es que no tiene a dónde.

 

Peligro natural



 
Abandonar casas y tierras por cuenta de la falla geológica es algo que también se conoce en Sevilla. Romeral atraviesa varios barrios de su zona urbana, entre ellos Monserrate. En el 2010, cinco casas se desplomaron luego de que la parte plana donde se encontraban cediera por efecto de las lluvias de la pasada temporada invernal. “Las fallas por sí solas no producen derrumbes. Estos terrenos se convierten en embudos por donde entra el agua. Como hay fractura de roca, la tierra que está encima se humedece y pesa más, entonces se producen los movimientos en masa o deslizamientos”, explicó el geólogo Álvaro Nivia, del Servicio Geológico Colombiano.

 
En los últimos años se evacuaron cuatro manzanas del barrio por la inestabilidad del terreno, producto de la falla. Hoy el sector se convirtió en una especie de zona fantasma. Otras cuatro manzanas deben ser evacuadas porque el riesgo continúa. “Allí el suelo es como gelatina”, explicó María del Rocío Agudelo, técnica del Consejo Municipal para la Gestión del Riesgo de Sevilla.

 
“Sabemos que el problema es a largo plazo y eso nos preocupa. En mi casa ya la puerta está muy pegada al marco y no abre. Creo que el terreno se asentó”, explicó Jairo Correa, habitante de la zona en riesgo.

 
La falla Romeral atraviesa el costado oriental de Sevilla y por ello el municipio es catalogado por Ingeominas como una zona con amenaza geológica.

 
En todo el Valle del Cauca, y según el Mapa Geológico del departamento realizado por la entidad, hay otros 28 municipios incluidos en la lista por lo que los efectos de las fallas en viviendas y vías se ven en muchos lugares de la región.

 
En el sector de La Honda, zona rural de Buga, a Cesar Augusto Losada se le hundió el terreno donde tenía su casa. En un año, cuenta, el predio alcanzó una depresión de 1.40 metros y su vivienda colapsó.
 
“Todas las noches la casa traqueaba y le empezaron a salir grietas. Un día se movió tan duro que nos tocó salir corriendo y desde entonces vivimos en un cambuche”, contó el propietario.

 
La explicación para el fenómeno es sencilla, según Ómar Chávez, profesional especializado de la CVC. “Todo es efecto de la gravedad y de las condiciones de inestabilidad de los terrenos”, indicó.

 
En este sector, dos viviendas se cayeron y otras diez presentaron averías por efectos del paso de la falla Buga- Palmira, según explicó Harold Alzate, comandante del Cuerpo de Bomberos de Buga y miembro del Consejo Municipal para la Gestión del Riesgo del municipio.

 
“En el último año identificamos 99 casas con afectaciones por la falla, pero pueden ser más de 200 en toda la zona rural las que presentan problemas”, explicó Alzate, quien añade que el invierno, el deterioro de los suelos por pérdida de cobertura vegetal y el uso del suelo en agricultura aceleraron las afectaciones.
 
Autoridades de municipios como Ansermanuevo reportan daños por fallas en veredas cercanas al Cañón del río Catarina, especialmente en sus vías terciarias. En dos escuelas no se dictan clases porque están a punto de colapsar.
 
En Yotoco, la vía que de Mediacanoa comunica con el sector de El Caney ha sido sometida a reparaciones en el último año, “pero la tierra cede y cede”, dijo una funcionaria de la Secretaría de Gobierno del municipio.

 
Mientras tanto, en el barrio Lleras, de Caicedonia, 35 familias están en riesgo por la inestabilidad de terreno, al igual que varias vías terciarias que se arreglan, “pero que resultan siendo en vano y las obras de solución definitiva salen costosísimas”, como explicó Luz Marina Arbeláez, secretaria de Gobierno.
 
Frente a ello, el director de la CVC, Óscar Libardo Campo, explicó que “a veces las obras no solucionan nada y es mejor que la tierra ceda. Lo que sí hay que hacer es tomar medidas de prevención. En el caso de Sevilla, era responsabilidad del Departamento vigilar la vía. Las alcaldías también son responsables de que sobre estas zonas de fallas no haya asentamientos de poblaciones”.

 
Es que las fallas geológicas siempre estarán ahí, bajo los pies de la gente. No es posible predecir sus efectos, dicen los expertos. Llevan más de 4.000 millones de años moviéndose lentamente. En muchos territorios sus pobladores seguirán escuchando el crujir de la tierra, como la sevillana Eugenia Restrepo, quien mirando el derrumbe de La Cristalina desde el pedazo de antejardín que le queda asegura que lo que pase en adelante “es voluntad de Dios”.

 
Fuente: El País

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